Vol. 16 Núm. 28 (2026): SPECIAL ISSUE | Feminismos, utopías y políticas de lxs comunes
A partir de las últimas décadas y, especialmente con la impronta que nos dejaron los movimientos zapatistas en México, la figura de lo común ha ganado fuerza y ha impregnado la discusión política en los movimientos sociales y feministas contemporáneos. Ya sea como matriz de análisis crítico para abordar la crisis de los modelos clásicos de transformación de los movimientos de izquierda o, como resistencia al avance neoliberal y sus nuevos cercamientos de los bienes comunes (la educación, la salud, las tecnologías, etc.) lo común se ha hecho especialmente visible, emergiendo paradójicamente, un mundo de relaciones comunales y de cooperación arcaicas y novedosas como por ejemplo, la web. De este modo, las luchas por lo común se han vuelto un campo de fuerzas estratégicas que prefigura nuevas formas biológicas, sociales y culturales de vida que rompen con los límites de la imaginación capitalista, colonial y patriarcal.
Silvia Federici nos recuerda que “la primera lección que podemos aprender de estas luchas es que la "puesta en común" de los medios materiales de reproducción es el mecanismo primario por el cual se crean un interés colectivo y lazos mutuos” lo que obliga, de acuerdo a la pensadora, a ir más allá de la solidaridad abstracta que a menudo caracteriza las relaciones en el movimiento feminista. Estas luchas implican la producción de un nosotras mismas como sujeto comunales. A diferencia de las categorías clásicas del pensamiento comunitario del siglo XX la comunidad que viene no funciona por principios de identidad o territorial, ni es una realidad cerrada ni una agrupación basada en intereses que las separan de los demás sino que trata de un principio de cooperación y de responsabilidad mutua más allá de lo humano —ya sea con los organismos no humanos, con la tierra, los bosques, los mares, etc.— y también, más allá del presente lo que implica responsabilidad con las generaciones venideras.







